México, Trata

“La oportunidad del cambio”, caminos hacia masculinidades alternativas

A nosotros los hombres, nos han educado de manera muy distinta que a las mujeres. Aunque en ocasiones estas diferencias pasen inadvertidas o las queramos ignorar, es un hecho que como hombres, decidimos, actuamos, pensamos, estudiamos, trabajamos y nos relacionamos apegándonos a reglas que nos dicen cómo debemos ser. Estas reglas y mandatos se nos han impuesto desde muy pequeños,  por nuestra familia, por  la escuela, la iglesia, el trabajo, los amigos, es decir,  por la sociedad. Cuando por alguna razón, cuando no cumplimos con las expectativas de “ser hombre”, podemos sentirnos raros o incómodos, incluso es posible que comencemos a sentir la presión de los otros  hombres y mujeres para someternos a las reglas y así poder encajar. Tal vez te preguntes a qué tipo de reglas y mandatos me refiero, y es normal, pues a lo largo de nuestra vida se van convirtiendo en creencias que muchos aceptamos y reproducimos ya sin pensar. Desde niños, tenemos que saber jugar futbol y aguantarnos en las luchitas, no debemos llorar porque somos fuertes y somos más rápidos e inteligentes que las niñas. Por cierto, hablando de niñas, solo ellas pueden jugar con muñecas y vestirse de rosa, a nosotros nos toca jugar con carritos  y el color azul. En nuestra juventud, aprendemos a acercarnos a las mujeres solo para ligar y después presumir nuestros encuentros sexuales (hayan sido reales o no), a competir  con nuestros compañeros, amigos y hermanos, para demostrar quien puede más, quien es el más fuerte, el más rápido y el más valiente, aunque en estas competencias pongamos en riesgo nuestra salud física y emocional.   Sabemos también, que el precio por el de hacer arte o ciertas actividades tranquilas, o consideradas “femeninas” implica no ser aceptados como hombres “de verdad” y nos llaman “raros” o “maricas” (en el mejor de los casos). Cuando somos adultos,  tenemos que ser tan fuertes como nos sea posible aunque eso implique no ir al médico a pesar de que esté en riesgo nuestra salud, tenemos que ser los proveedores del sustento familiar aunque eso signifique que no tengamos el suficiente descanso ni mucha cercanía con los nuestros, tenemos que mantener el control y el poder en la casa, aunque eso quiera decir que no importa que gritemos, amenacemos o golpeemos a quienes más queremos. Llegamos a creer que controlar a nuestras hermanas, esposas, novias e hijas por medio de gritos, golpes y miradas duras  es la manera normal y adecuada de disciplinar, pero la verdad, es que todo eso es violencia, violencia que se ejerce contra ellas simplemente porque son mujeres. Nada de lo anterior justifica la violencia pues, olvidamos que tienen derechos y que nosotros tenemos que respetarlos: derecho a la dignidad, a la educación, a la salud, al respeto, a trabajar, a la libre expresión, al derecho sobre su cuerpo, entre muchos otros; en ocasiones creemos que solo existen para servirnos o resolvernos muchas cuestiones que “les tocan” por ejemplo lavar la ropa, limpiar la casa, hacernos de comer, escucharnos, curarnos y  cuidar a nuestros hijos, etc. Pocos hombres nos preguntamos si existen otras formas de relacionarnos con ellas, incluso otras formas de relacionarnos entre nosotros, tampoco nos preguntamos cómo se sienten cuando les lastimamos o como se sienten en general. Es importante saber,  que si existen formas para evitar la violencia y relacionarnos de una manera más sana. Implica comenzar a conocerme a mí mismo, escucharme, pensar sobre lo que hice en el día, sobre  mi trabajo, en lo que me gusta, en lo que no me gusta. Es comenzar a pensar de otra forma, una muy diferente a la que aprendí desde niño. Implica ser creativo y usar mi imaginación, aceptar cuando algo me duele o me lastima, cuando estoy triste, enojado, aburrido, cansado, preocupado o alegre, significa expresar todo eso que siento de una manera respetuosa, aprendiendo a escuchar y a ser escuchado, significa estar receptivo a lo que otras personas dicen de mí y tomar lo que es constructivo y lo que me ayuda a crecer. Las ganancias de comenzar a relacionarnos de una manera diferente son muchas y se pueden logar muchos niveles, depende de cada uno de nosotros. En ocasiones muchos hombres viven una separación y sufren en silencio simplemente por no escucharse y escuchar. El no ser violento, ayuda a disminuir nuestro enojo y coraje, haciéndonos sentir más  tranquilos con las personas a las que amamos, como nuestras parejas, familias y amistades, ya no nos tendrán miedo, al contrario, comenzarán a tenernos confianza y se podrán acercar a nosotros para compartir, hablar, ayudar y colaborar. Vivir de manera no violenta mejora mi vida y la de mi familia. La paz y la tranquilidad que provoca vivir sin violencia mejora nuestro estado de salud, muchos hombres disminuyen la cantidad de alcohol que beben o lo dejan por completo y así, poco a poco sus cuerpos y mentes comienzan a sanar; otros dejan de trabajar tanto y se acercan a su familia, hablan con ellos, comparten sentimientos, experiencias y momentos; otros aprenden a sentirse más tranquilos consigo mismos. Yo aprendí que a pesar de los mandatos y las creencias inculcadas, quedarme en el malestar, en el enojo y en la confusión es una decisión mía, así que, puedo optar por escuchar, respetar y entender a los y las demás, sin tratar de imponer mi punto de vista. Aprendí que la mujer es un ser importante en sí misma y que es igual a mí en muchos sentidos. Me di cuenta de que tratándome bien y escuchándome, puedo estar mejor para mí y para los demás, que es mi responsabilidad parar mi violencia y que se siente muy bien ser congruente: amar es respetar. A mí me ha servido y estoy completamente convencido de que puede ser útil para ti.

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Ricardo Ayllón González
Coordinador de Metodología.

Licenciado en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México, pasante de la Maestría en Educación Humanista por el Instituto Humanista de Psicoterapia Gestalt y obtuvo la certificación como instructor de cursos de capacitación por el CONOCER y el CENEVAL.
Es co-fundador de GENDES, A.C. y el coordinador del programa de Metodología. Es autor y coautor de diversos textos y guías para el trabajo con hombres, ponente y facilitador de grupos en diversos eventos a nivel nacional e internacional. GENDES es una asociación civil mexicana, constituida en el 2008 con el objetivo de erradicar la violencia de género y construir relaciones respetuosas e igualitarias entre hombres y mujeres.

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