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“No soy una esclava, soy Nadia Murad”: terrorismo y trata de personas

El 22 de mayo, al final de un concierto de la artista Ariana Grande en la Manchester Arena, Salman Ramadan Abedi, un joven de nacionalidad inglesa y ascendencia libanesa, se inmoló. El atentado suicida cobró la vida de 22 personas, entre ellas una niña de ocho años. Unas cuantas horas después, el Estado Islámico (ISIS) se adjudicó el ataque. El atentado terrorista en la Manchester Arena es uno de los más mortíferos que han sucedido en Europa, junto con los tiroteos y explosiones ocurridos en París el 13 de noviembre de 2015, los cuales también fueron perpetrados por supuestos miembros de ISIS. El terrorismo es considerado una de las principales amenazas a la seguridad mundial. Sin embargo, sus agresiones no se limitan a Occidente. También en países de Medio Oriente, como Iraq y Siria, grupos radicales como ISIS están cometiendo terribles masacres. El autodenominado Estado Islámico ha logrado dominar territorios en estos países y ha sometido a la población al miedo, la violencia e incluso a la trata de personas.

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Aunque pudiera resultar sorprendente, existe una relación directa entre el terrorismo y la trata de personas. Grupos radicales como ISIS la cometen a través del reclutamiento de niños, los matrimonios forzados y otras formas de esclavitud. Se estima que más de 3,000 mujeres y niñas han sido sometidas a esclavitud sexual por ISIS. Nadia Murad fue una de ellas. Su historia comenzó cuando ISIS invadió Kocho, una comunidad agrícola en Iraq, donde Nadia vivía con su familia. Kocho era habitada por una comunidad yazidí. Los yazidís profesan una de las religiones más antiguas y al no ser musulmanes, han sido hostigados durante siglos ya que son considerados “infieles”. Así, han sobrevivido campañas de genocidio, la más reciente realizada por ISIS en agosto de 2014. Ese año, Kocho fue ocupada; cientos de sus hombres, niños y ancianos fueron asesinados; entre ellos seis hermanos de Nadia. “Su propósito era eliminar a todos los yazidís. ISIS no vino sólo a matar niñas y mujeres, nos tomó como botín de guerra, como mercancía que podía ser intercambiada. La violación fue usada para destruir a las mujeres y para garantizar que nunca más pudieran vivir una vida normal”, relató Nadia en diciembre de 2015 frente al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El destino de las mujeres de la aldea también fue horrendo. Ejecutaron a aquellas, como la madre de Nadia, que eran “muy mayores”. A las jóvenes, como Nadia y sus hermanas, las convirtieron en esclavas sexuales. Entregadas a soldados de ISIS, fueron víctimas de torturas y humillaciones. Las obligaron a elegir entre convertirse al islamismo o morir. Algunas incluso fueron forzadas a contraer matrimonio con soldados. Después de tres meses de cautiverio, Nadia pudo escapar. Huyó antes de ser vendida. Tocó la puerta de una familia y les suplicó ayuda. Aunque se encontraban en territorio controlado por el Estado Islámico, ellos no eran simpatizantes y quisieron apoyarla, le entregaron un velo negro y un documento de identidad. La llevaron a la frontera. Después de otra travesía, Nadia por fin llegó a Alemania. En este país fue atendida por Yazda, una organización sin fines de lucro que defiende los derechos de las minorías étnicas y religiosas, que la acompañó en su proceso de reintegración para que pudiera recuperar su voz. Voz que estremeció al mundo en diciembre de 2015 cuando compartió su testimonio en el Consejo de Seguridad. En ese mismo evento, el Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-moon la nombró Embajadora de Buena Voluntad de UNODC para la Dignidad de los Sobrevivientes de Trata de Personas.

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Ahora, con 24 años, la sobreviviente lidera Nadia’s Initiative, que busca ayudar a los niños y mujeres, que como ella, han sobrevivido al genocidio y a la trata de personas. Puedes apoyar a Nadia y a otros sobrevivientes de ISIS en el siguiente enlace: http://www.nadiamurad.org. Nadia es un gran ejemplo para el mundo y una digna representante de los sobrevivientes de trata de personas que han tenido que sufrir lo innombrable, superandolo con valentía. Con sus palabras, la joven exige justicia para los que aún se encuentran sometidos y reclama un lugar digno en el mundo para los que han sobrevivido. “Cuando ISIS nos capturó, ellos nos dieron un nuevo nombre, ‘Sebiya’, que es el nombre que usan para las mujeres que mantienen cautivas. Quiero decirles a ellos: no soy una esclava, soy Nadia Murad. Nunca seré una esclava de nuevo. Soy Nadia y siempre lo seré” dice la joven con seguridad y una mirada de determinación. Pese a las amenazas de ISIS de encontrarla y esclavizarla, Nadia continúa su lucha porque sabe que su voz es hoy la de muchos.

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